panorámica de jardín en la Quinta Selgas Cudillero

La Quinta de los Selgas: El Versalles Asturiano y la Síntesis del Paisajismo Europeo

En la localidad de El Pito, Cudillero, se erige uno de los conjuntos paisajísticos más relevantes y, paradójicamente, custodiados de la geografía española: La Quinta. Este recinto, cuya génesis se remonta a 1880 por iniciativa de los hermanos Ezequiel y Fortunato de Selgas, no es solo un jardín; es un compendio vivo de la historia del paisajismo europeo, una obra de arte total donde la arquitectura, la botánica y el coleccionismo convergen en un equilibrio magistral.

panorámica de jardín en la Quinta Selgas Cudillero

Desde el año 2008, la gestión técnica y la preservación de este ecosistema de más de 8 hectáreas recae en la figura del ingeniero paisajista Santiago A. Martínez, cuya labor ha sido fundamental para recuperar y actualizar el valor ornamental de este legado BIC (Bien de Interés Cultural).

El Rigor Geométrico: El Jardín Francés

La llegada a La Quinta está dominada por la imponente avenida del jardín francés, diseñado originalmente por Henri Rigoreau Jouvert. Este espacio se articula mediante ejes axiales que enfatizan la visión del palacio, creando un tapiz verde de una precisión técnica absoluta.

parterres de césped están flanqueados por setos de camelia nítidamente perfilados, mientras que el eje central queda puntillado por fuentes y estatuaria clásica.
La composición se basa en la simetría perfecta. Los parterres de césped están flanqueados por setos de camelia nítidamente perfilados, mientras que el eje central queda puntillado por fuentes y estatuaria clásica. La repetición de elementos rítmicos genera una perspectiva infinita que eleva la escala del edificio principal, convirtiendo el vacío del jardín en un espacio lleno de intención arquitectónica.

La Escenografía Italiana: Arquitectura y Simbolismo

En la parte posterior, el paisaje se transforma para abrazar el estilo italiano. Aquí, el diseño se vuelve más vertical y complejo, estructurándose a través de terrazas, balaustradas y estanques que dialogan con la iconografía clásica.

El jardín italiano es un ejercicio de contrastes. La solidez de las escalinatas de piedra y los muros de contención se ve suavizada por la presencia de cedros del Atlas y enormes araucarias que actúan como telón de fondo.
El jardín italiano es un ejercicio de contrastes. La solidez de las escalinatas de piedra y los muros de contención se ve suavizada por la presencia de cedros del Atlas y enormes araucarias que actúan como telón de fondo. Es un espacio de «jardín secreto», donde el invernadero de hierro y cristal de finales del XIX se posiciona como una joya de transparencia, capturando la luz y sirviendo de nexo entre el interior exótico y la sobriedad exterior.

El Romanticismo Inglés: La Naturaleza Naturalizada

Más allá de los límites del orden clásico, La Quinta se abre hacia su sección más extensa: el jardín paisajístico o inglés. En esta zona, el trazado irregular y las amplias praderas reproducen los paisajes románticos del siglo XIX, donde la intervención humana busca mimetizarse con el entorno.

templete jónico erigido sobre una gruta de rocalla
El clímax de esta sección es el templete jónico erigido sobre una gruta de rocalla. La orografía se vuelve orgánica, con un lago y riachuelos que serpentean entre secuoyas rojas y arces japoneses. El diseño busca la sorpresa y la introspección, utilizando la frondosa cubierta vegetal para crear microclimas de luz y sombra que invitan a un recorrido circular cargado de lirismo paisajístico.

Una Gestión de Excelencia para un Legado Vivo

Mantener la integridad de La Quinta no es una tarea de simple jardinería, sino de alta ingeniería paisajística. Bajo la dirección de Santiago Martínez García, cada intervención —desde la poda técnica de ejemplares monumentales hasta la recuperación de los sistemas hídricos— se realiza bajo un criterio de mínima intrusión. El objetivo es que el jardín siga siendo ese «resumen de la historia del paisajismo» que soñaron sus fundadores, preservando su aura de sofisticación y misterio.

Visitar este enclave es, en definitiva, asistir a una lección de historia y diseño. La Quinta de los Selgas permanece como un refugio de excelencia, donde el tiempo parece haberse detenido bajo la atenta custodia de manos expertas que entienden que un jardín histórico es, por encima de todo, un patrimonio vivo.

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