Vida y diseño en el agua: Cómo integrar plantas acuáticas en tu estanque

Un estanque o una alberca natural cambia por completo la energía de un espacio exterior. Pero para que el agua se mantenga cristalina y llena de vida, la clave no está en usar potentes depuradoras artificiales, sino en aliarse con la naturaleza. Las plantas acuáticas no solo proporcionan un gran interés ornamental, sino que fomentan la vida silvestre, ayudan a mantener el agua limpia y actúan como excelentes bioindicadores de la salud de tu jardín. Hoy te enseñamos cómo estructurar la vegetación de tu estanque para lograr un equilibrio perfecto.
Los 4 niveles de plantación acuática
A la hora de seleccionar las plantas, es fundamental tener en cuenta la profundidad del agua, los tiempos de floración y los contrastes del follaje. Para que el ecosistema funcione, debemos combinar cuatro grandes grupos:
Plantas sumergidas (El pulmón del estanque)
También conocidas como oxigenadoras, producen oxígeno durante el día y proporcionan una cobertura vital para la fauna acuática. Un gran ejemplo de este grupo son los ranúnculos acuáticos (Ranunculus aquatilis).
Plantas emergidas (Las reinas del diseño)
Sus raíces se anclan en el fondo del lecho, pero sus hojas y flores emergen a la superficie robándose todas las miradas. Aquí destacan de forma indiscutible los nenúfares (Nynphaea sp), capaces de florecer incluso entrado el otoño.

Plantas flotantes (El escudo protector)
No necesitan echar raíces en el suelo. Al flotar en la superficie, reducen la cantidad de luz solar que penetra, lo que mantiene el agua fresca y evita la proliferación de algas molestas. La lenteja de agua (Lemma minor) es una de las más comunes.
Plantas marginales o de ribera (La transición perfecta)
Su hábitat natural son los bordes húmedos y toleran tener las raíces encharcadas. Son fundamentales para suavizar los contornos ásperos del estanque y dar sombra en los márgenes de aguas poco profundas. En esta zona podemos jugar con especies altas y esculturales como el papiro (Cyperus papyrus) o la cala (Zantedeschia aethiopica).
3 Estilos para inspirar tu oasis de agua
Para integrar estos cuatro grupos de plantas, puedes adaptar el diseño a la arquitectura de tu espacio. Aquí tienes tres enfoques que nunca fallan:
El estanque naturalizado
Ideal para terrenos con ligeros desniveles. Se caracteriza por el uso de rocallas y cascadas que aportan sonido y movimiento al agua, creando un entorno de aspecto salvaje rodeado de exuberante vegetación verde y toques de color en los márgenes.
La elegancia geométrica
Perfecto para jardines de líneas puras. Consiste en crear láminas de agua con formas rectangulares bien definidas, usando la vegetación acuática (como pequeños grupos de nenúfares) de forma contenida y rodeando los bordes con setos de boj perfectamente recortados. Una figura central, como una fuente o estatua, actúa como punto focal.

El refugio tropical
Un diseño que apuesta por la densidad y el volumen. Se basa en agrupar nenúfares tropicales de colores vibrantes en el centro del agua, enmarcados por grandes masas de plantas verticales y frondosas en las orillas, como papiros y palmeras, creando un rincón inmersivo y muy fresco.


