El otoño en el jardín: Liquidámbar frente a Arce Rojo

La llegada de los meses frescos transforma el jardín en un escenario de cambios profundos. Es el momento en que la estructura arbórea toma el mando y el color se convierte en una herramienta de diseño viva. Entre las especies más valoradas para esta metamorfosis, el Liquidámbar (Liquidambar styraciflua) y el Arce Rojo (Acer rubrum) destacan por derecho propio. Aunque a menudo se confunden por su espectacular coloración, poseen identidades y usos muy distintos que conviene conocer para acertar en su integración.
Identidad y matices: ¿Cómo distinguirlos?
La diferencia más evidente reside en sus hojas. Mientras que la del Liquidámbar tiene una forma de estrella muy definida, generalmente con cinco o siete lóbulos puntiagudos y un aroma resinoso al ser estrujada, la hoja del Arce Rojo es más sencilla, con tres a cinco lóbulos y un borde dentado menos regular.

Otro rasgo diferencial es la corteza. El Liquidámbar desarrolla con los años unas crestas corchosas muy características en sus ramas y tronco, aportando un valor textural único incluso en invierno, cuando el árbol está desnudo. El Arce Rojo, en cambio, mantiene una corteza más lisa y grisácea en su juventud, que se va agrietando de forma sutil con el tiempo, pero sin ese relieve tan marcado. Además, el Arce Rojo nos regala una pequeña floración rojiza al final del invierno, antes de que broten las hojas, un detalle que el Liquidámbar no posee.

Aplicaciones reales en el diseño exterior
No todos los árboles sirven para el mismo propósito. El Liquidámbar es, por naturaleza, un árbol que busca la verticalidad. Su porte piramidal lo hace ideal para ser utilizado como ejemplar aislado en jardines de dimensiones medias o grandes, donde pueda desarrollar su envergadura sin interferencias. Es un árbol que «llena» el espacio y actúa como un faro cromático absoluto.

Por su parte, el Arce Rojo es extremadamente versátil. Debido a que tolera mejor una mayor variedad de suelos y tiene un crecimiento algo más rápido, es excelente para crear zonas de sombra estival cerca de la vivienda. Su copa, que tiende a redondearse con la edad, permite crear áreas de descanso protegidas. Además, es una especie muy utilizada en alineaciones para enmarcar senderos o caminos, aportando una armonía visual rítmica y una explosión de luz cuando el sol atraviesa sus hojas en noviembre.

Elegir entre uno u otro dependerá, por tanto, de lo que busquemos: la arquitectura imponente y la textura corchosa del Liquidámbar, o la frescura, el vigor y la sombra generosa del Arce Rojo. Ambos, sin embargo, nos garantizan ese bienestar que solo la naturaleza bien comprendida puede ofrecer.

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